jueves, 29 de agosto de 2013

martes, 20 de agosto de 2013

Gordales y Verdiales. El amor trágico de dos aceitunas y de por qué algunas ya no tienen corazón.



  • Éranse una vez dos familias de aceitunas, unas eran blancas y las otras negras.
    Aquella familias eran cerradas y conservadoras ,como los herméticos frascos de conserva que las contenían.
    Pero resulta que el amor es extraño y un fatídico día las más jóvenes aceitunas de cada familia cruzaron las miradas por accidente y su corazón quedó inflamado por un ardiente amor prohibido. 
    Quedaron en verse en secreto un día. Se citaron lejos , dónde ningún miembro de su familia podría sorprenderlos en su idilio. Se encontraron una noche de luna creciente en un romántico parque de ensalada y allí se amaron con pasión hasta la madrugada.
    Juraron verse nuevamente cuando la luna volviera a sonreírles.
  • Y así fue durante un tiempo prudente; pero es sabido que los amores furtivos terminan por ser descubiertos algún día, ya sea por jugadas del destino, ya sea por alguna lengua viperina, así que esos escondidos amores fueron descubiertos.
    Las dos familias lanzaron el grito al cielo por la ofensa de aquel amor clandestino, y una cálida noche de luna creciente coincidieron en el romántico parque de ensalada para saldar las cuentas de la ofensa de los más pequeños de ambas familias. Fue un encuentro sangriento ... aparentemente no quedó nadie con vida, el campo quedó cubierto de cuerpos; aquella noche será recordada por un largo tiempo cómo un absurdo baño de sangre y aceite.
    Pero entre los restos de aquella temible batalla quedó con vida una de las más pequeñas aceitunas que desde entonces llora el desenlace de aquel amor prohibido y no por el dolor de lo perdido , sino por que desde aquél día nació el linaje de las aceitunas sin semilla...
    De los "Cuentos para dormir a un niño lobo"
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viernes, 9 de agosto de 2013

El hombre que amaba a un repollo





Érase una vez un hombre que amó un repollo. Fue un amor efímero y comprometido. Se conocieron en un bulevar y para él fue un amor irresistible, de esos a primera vista. Decidieron salir juntos, se podía verlos en las tardes caminando por los senderos del rosal, o bien contemplar extáticos mirando en el horizonte la muerte de los soles y el parto de las estrellas. No les importaba lo que decían sus parientes, que aquello no podría funcionar, que un amor así no podría jamás ser consumado; pero hay que decirlo...este cuento se llama el hombre que amaba un repollo, porque en realidad el repollo no lo amaba a él, en el fondo de su corazón verde y vegetal de hortaliza sólo había espacio para los misterios del mundo de las plantas, amores salvajes sólo comprensibles para aquellos seres que aman con el desintereses de la fotosíntesis... Aquel fue un amor fugaz, efímero y comprometido, pero como todos los amores tuvo que tener una despedida, además él quería tener hijos, y el repollo no buscaba ataduras ,era un espíritu de mundo que gustaba de transitar por caminos libertinos...


(De los "Cuentos para dormir a un niño lobo")
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